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10 de December de 2012

Urge una definición en red sísmica para Chile

Por Rubén Boroschek, Académico de la Universidad de Chile y director de la Asociación de Ingenieros Civiles Estructurales AICE.

Chile es el país más sísmico del mundo. Esta afirmación categórica y científica puede ser verificada fácilmente ingresando a la página web del Servicio Sismológico de la Universidad de Chile (www.sismologia.cl) y contar los sismos que ocurrieron en la última semana.

A pesar de esta característica, a la cual todos nos hemos acostumbrado en parte, Chile presenta una deficiencia grave en el registro de los terremotos.

En el país, solamente la Universidad de Chile tiene una red de acelerógrafos (equipos que registran el movimiento severo de los terremotos) con una cobertura nacional, la que, debido a una falta de recursos, es bastante escuálida y limitada. A pesar de ello, la Red de Acelerógrafos ha sido el pilar de la información para el desarrollo de normativas y nueva infraestructura.

Después del terremoto de Aysén en abril de 2007, donde la falta de información sísmica generó una mala respuesta a los sismos que estaban ocurriendo y al maremoto que cobró 10 víctimas, la Universidad de Chile propuso al Ministerio del Interior una red para resolver gran parte de las necesidades de información sísmica de la comunidad, tanto para la respuesta en emergencia como para la recuperación después de un terremoto y para el desarrollo de infraestructura segura. La red finalmente fue aprobada por el Gobierno, quedando constituida por 105 instrumentos, llamados de banda ancha, que tienen como objetivo identificar dónde se ubican las fuentes sísmicas y qué características tienen (cuál es la magnitud, qué áreas afectan, probabilidad de generación de maremoto, etc.), observar la actividad sísmica en el país, sea esta perceptible o no para las personas (dónde está temblando, qué tan normal es esta actividad, etc.) y contribuir a la información para la respuesta en emergencia, entre otros.

Para reforzar la información de tipo sismológico y respuesta se incluyen 140 unidades de GPS, ubicados cada 50 km, en la costa de Chile. Estos equipos miden la deformación que se está acumulando en nuestra corteza varias veces por segundo (lo que permite indicar zonas de gran almacenamiento de energía sísmica) y el movimiento del terreno durante el terremoto (para confirmar o no la generación de maremotos).

Conocer dónde ocurren los terremotos y qué características tienen no resuelve el problema del diseño sismorresistente y sustentable de la infraestructura, aspecto que, finalmente, establece la seguridad para las personas, la inversión de toda la comunidad y la operación de nuestras industrias. Como bien es conocido, la vibración producto del terremoto no mata a las personas (a no ser por el susto o por un alud o derrumbe de tierra), sino que son las obras que ha construido o modificado el hombre. Para conocer por qué se dañan o no nuestras casas, edificios, puentes, represas y carreteras, debemos registrar las vibraciones a nivel de suelo y dentro de las edificaciones. Para lo anterior, el proyecto estableció la adquisición también de 297 acelerógrafos. Estos equipos se deben ubicar en todo el país en zonas de desarrollo humano o económico.

La red de sismógrafos, acelerógrafos y GPS realmente trabajan en forma conjunta, apoyándose con información y utilizando infraestructura común. Todos los instrumentos generan información, la cual puede ser llevada en forma automática e instantánea a un centro de recolección, análisis y distribución. La conformación de la red, eso sí, sólo puede existir si los equipos están conectados en forma segura al centro de información. Esto obliga, generalmente, a un sistema satelital o una alta redundancia de equipos y medios.

Más información

La información generada debe ser procesada preliminarmente en forma automática y luego verificada por operadores expertos. Dada la importancia de la información, ésta debe ser de libre acceso y gratuita y entregada en forma expedida a la población y a los actores del sistema. Esto fue considerado desde el inicio del proyecto.

Para velar por el buen uso se propuso la acción de un cuerpo profesional dedicado exclusivamente a esta actividad y que, además, fuese supervisado por un directorio con participación de los ministerios del Interior, Obras Públicas, Vivienda y Urbanismo, así como agrupaciones científicas y gremiales (Instituto de Ingenieros, Colegio de Ingenieros, etc.).

Los equipos fueron comprados finalmente después del terremoto de febrero de 2010. Una serie de cambios en cuanto a los objetivos de la red y, principalmente, la falta de fondos para la instalación, mantención y operación ha impedido que los acelerógrafos y GPS se hayan instalado, aunque algunas estaciones sismológicas sí se han hecho.

El tiempo sigue pasando y, a pesar de contar con los equipos, no estamos recogiendo una información indispensable para nuestro futuro. Considero que para que esto ocurra el Estado debe ser pragmático y pensar en el corto, mediano y largo plazo.

No podemos seguir esperando pacientemente que ocurra el terremoto tan nombrado del norte de Chile. Tenemos la posibilidad de resolver en forma importante la carencia de información que aqueja a nuestra sociedad. Sólo falta la decisión política. No queremos que se repita lo ocurrido en el terremoto de febrero de 2010. La comunidad de ingenieros está lista para apoyar esta iniciativa.